Niembru (Llanes), E. G. CEA / R. DÍAZ Alfredo Pérez Rubalcaba tomó ayer las de Villadiego. La sonora protesta, con pancartas, silbatos y megáfono incluidos, de una veintena de trabajadores de Liberbank en la playa de Toranda, en Niembru (Llanes), provocó la «espantá» del sectetario general del PSOE, asiduo visitante de este arenal, al que se acerca a diario y donde suele comer a menudo. Alertado de la ruidosa manifestación, a eso de la una y media de la tarde Rubalcaba anulaba la comida que había encargado previamente en Toranda y buscaba un rincón más tranquilo: la playa de Cue, donde el dirigente socialista y sus acompañantes habituales, entre los que figura el portavoz del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetzky, disfrutaron de unas anónimas de unas horas de sol. Sólo antes de comer. Después ya no regresaron.
Al grito de «EREs y despidos para los directivos», una veintena de trabajadores de Liberbank se concentraba poco antes de la una de la tarde en Niembru. Protestaban por la situación laboral de la plantilla, afectada por un expediente de regulación de empleo y numerosos despidos. Unos minutos más tarde la comitiva partía, a pie, hacia la playa de Toranda, con la intención de trasladar a Rubalcaba, al que consideran «cómplice» de su problema laboral, sus quejas por la política en Cajastur y Liberbank del «banquero del PSOE», como calificaron a Manuel Menéndez.
Pero Rubalcaba no estaba ayer en Toranda, su playa favorita. Se fue a Antilles, en Cue. Los usuarios de la playa de Toranda vieron con sorpresa a los manifestantes entrar al arenal. La acogida de los bañistas a los manifestantes, en general, fue buena. Mientras los trabajadores de Liberbank repartían octavillas y preguntaban, altavoz en mano, si alguien había visto a Rubalcaba, los bañistas les sacaban fotografías e incluso algunos alentaban y jaleaban las protestas. Tan solo dos bañistas mostraron su disconformidad con los manifestantes. «Iros a protestar ante Rajoy», les espetó uno. Otro usuario de la playa, trabajador del sector de la banca, les increpó con un grito que indignó a algunos de los manifestantes: «vivís como Dios», les dijo, en lo que pareció una referencia al hecho de que algunos de los presentes eran sindicalistas.
«¿Alguien ha visto hoy por aquí a Rubalcaba", preguntó Marco Antuña, secretario de la Corriente Sindical de Izquierdas, a los bañistas. «Hoy no lo he visto pero ayer estuve hablando con él», contestó de manera inocente un niño que salía del agua y se acercó a los manifestantes para comprobar el porqué del revuelo. «Queremos ver en persona a esa fiera del panorama político que es Rubalcaba. Nos han dicho que puede estar en Torimbia (playa nudista cercana a Toranda) pero sólo queremos verle la cara», aseguró Antuña con sorna.
La protesta fue convocada por el Sindicato de Trabajadores de Cajastur, la Corriente Sindical de Izquierdas y la Confederación de Sindicatos Independientes de Cajas de Ahorro. Los integrantes de estos sindicatos se negaron a aceptar los acuerdos firmados por los dos sindicatos mayoritarios, UGT y CC OO, para privatizar Cajastur.
«Solo queríamos ver a Rubalcaba y robarle diez minutos de su tiempo de ocio, que por cierto nos parece excesivo, a la vista de la situación del país, para explicarle nuestra versión de los hechos. Queremos pedirle explicaciones sobre la incongruencia que supone rechazar la brutal reforma laboral de Rajoy en Cajastur y, a la vez, apoyar la liquidación de esta entidad, cuando en teoría el PSOE está en contra de las privatizaciones como la que está llevando a cabo el banquero de los socialistas, Manuel Menéndez», indicó.
«¿Que Rubalcaba no está? No importa, seguiremos acudiendo a mítines o actos», añadió el vocero de los manifestantes. «Se ha firmado un acuerdo con UGT y CC OO que ni los propios afiliados entienden. Significa que diecisiete mil millones de pesetas pasan todos los años del bolsillo de los trabajadores a financiar el banco privado del señor Menéndez, sin ningún tipo de garantía de empleo ni de futuro para la empresa. Si esto sale adelante será el preludio de una era de despidos baratos. Los dos grandes sindicatos han traicionado y siguen traicionado a los trabajadores con ejemplos como el de Bankia, o la fábrica de armas de Trubia», añadió Antuña, tras concluir la movilización, más allá de las dos de la tarde.

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